La clave está en la enseñanza explícita y el desarrollo de la conciencia fonológica.
A menudo existe la falsa creencia de que los niños aprenderán a leer de forma autónoma y espontánea, tan solo mirando libros y materiales de lectura. Sin embargo, la evidencia científica y la práctica educativa nos demuestran lo contrario: los niños no aprenden solos a leer; la lectura no es un aprendizaje natural.
A diferencia del lenguaje hablado, para el cual nuestro cerebro está evolutivamente programado, aprender a leer requiere reorganizar y conectar áreas cerebrales de una manera específica y compleja. Por esta razón, el acompañamiento en este proceso debe ser guiado y bien estructurado.
1. Una enseñanza explícita y sistemática
Para garantizar que todos los niños desarrollen una buena competencia lectora, la instrucción debe basarse en dos pilares fundamentales:
Enseñanza explícita: Se debe enseñar el mecanismo de la lectura de forma clara, directa y detallada. No podemos esperar a que los niños "deduzcan" o "descubran" por sí solos las reglas del código escrito; hay que explicárselas explícitamente.
Enseñanza sistemática: La enseñanza debe seguir un orden lógico, temporal y progresivo, utilizando actividades diseñadas con un propósito pedagógico específico para construir los aprendizajes paso a paso.
2. La relación entre el lenguaje oral y el lenguaje escrito
Para aprender a leer es indispensable comprender la correspondencia que existe entre los sonidos del habla (fonemas) y las grafías o letras (grafemas). En otras palabras, debemos enseñar a conectar el lenguaje oral con el escrito.
Sin embargo, asimilar esta relación es un proceso complejo. Antes de presentar las letras escritas, es necesario preparar a los aprendices para que comprendan cómo funciona nuestro sistema de comunicación hablada.
3. El paso previo imprescindible: La conciencia fonológica
Para poder relacionar las letras con sus sonidos, los niños necesitan desarrollar la conciencia fonológica (CF). Esto significa tomar conciencia de que las palabras habladas no son unidades indivisibles, sino que están compuestas por sonidos independientes (sílabas y fonemas) que se pueden aislar, manipular y combinar.
Para ello los aprendices necesitan ayuda.
Cuando un niño es capaz de reconocer y jugar con los sonidos individuales de las palabras que escucha, estará bien preparado para dar el salto al código escrito y aprender a leer con éxito y confianza.
Recuerda que, acompañar en este proceso de manera clara, sistemática y estructurada, marca la diferencia en la enseñanza de la lengua escrita y conduce al éxito en el desarrollo lector de los niños.
