En el aprendizaje de la lectura, en lenguas alfabéticas, existe un componente fundamental que actúa como pilar de base en el proceso: la conciencia fonológica (CF).
Para el enseñante (profesorado, padres...) comprender la importancia de la CF (meta-fonología) y cómo se trabaja, marca una gran diferencia en el proceso de enseñanza de la lectura.
1. El punto de partida: descubrir los sonidos del habla
Para aprender a leer, un primer paso decisivo es que los aprendices reconozcan que las palabras que pronunciamos no son unidades indivisibles, sino que están compuestas por sonidos independientes (sílabas y fonemas).
Una vez que esto se comprende, la habilidad para el análisis metafonológico progresa con ejercicios en los que se manipulan los sonidos de distintas formas:
Quitar un sonido de una palabra o sustituirlo por otro.
Añadir un sonido nuevo.
Cambiar sonidos de sitio para formar palabras distintas.
2. Definición de Conciencia Fonológica
Podemos definir la conciencia fonológica como el conjunto de habilidades que permiten comprender que las palabras habladas están formadas por unidades de sonido y la capacidad mental para identificar y manipular activamente dichos sonidos.
3. ¡Recuerda! Es una habilidad del LENGUAJE ORAL
Hay que tener en cuenta que la conciencia fonológica, aunque no es necesaria para aprender a hablar, es una habilidad basada en el lenguaje oral.
Si bien la CF alcanza su mayor desarrollo con el aprendizaje de la lectura, los primeros pasos pueden (y deben) darse incluso ANTES de la enseñanza del código escrito. Los ejercicios que estimulan el desarrollo metafonológico son la mejor preparación para la comprensión del código escrito.
4. ¿Cómo se trabaja en la práctica?
A través del lenguaje oral: Se ejercita mediante juegos auditivos y verbales, rimas, adivinanzas de sonidos, segmentación en sílabas o identificación de sonidos iniciales y finales, jugando siempre con las palabras habladas y sus sonidos.
Atención importante: Si en una actividad se utiliza material escrito (letras, carteles o textos), no se está trabajando estrictamente la conciencia fonológica, sino la correspondencia grafema-fonema (lectura). Para ejercitar la conciencia fonológica, con independencia de la lecto-escritura, el oído y la voz son los protagonistas, a veces con el apoyo de materiales como cuentas o bloques.
Trabajar la conciencia fonológica desde el lenguaje oral proporciona a los niños las herramientas cerebrales necesarias para que el salto a la lectura sea un proceso fácil, fluido, comprensible para el aprendiz y, por tanto, libre de frustraciones.
